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Para cumplir con el Acuerdo de París América Latina debe transformar sus ciudades
América Latina es la región más urbanizada del mundo en desarrollo. Según datos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), dos tercios de su población vive en ciudades de 20.000 habitantes o más y casi un 80% en zonas urbanas, principalmente en América del Sur.
Sin embargo, los asentamientos improvisados o tugurios, la falta de cobertura y de buena calidad de los servicios básicos, los problemas de transporte privado y colectivo y de espacios públicos, entre otros, representan un desafío para la calidad de vida y también para el cumplimiento de los planes nacionales de acción climática o NDCs de la región frente al Acuerdo de París.
El cómo transformar las ciudades latinoamericanas para incrementar la acción climática fue uno de los principales temas abordados en la Semana del Clima de América Latina y el Caribe 2018, que tuvo lugar del 21 al 23 de agosto en Montevideo, Uruguay, con la participación de representantes de gobierno, sociedad civil, empresas y organismos multilaterales.
Para José Luis Samaniego, Director de la División de Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos de CEPAL, la región se sigue urbanizando, ya no con las mega ciudades, sino con aquellas de un tamaño grande, de alrededor de cinco millones, y a finales del siglo XXI será predominante urbana, salvo algunos pequeños parches, lo cual requerirá que la infraestructura sea más adecuada.
“Al ser una región de ingreso medio, el cual va subiendo, provoca que se profundice el patrón de consumo dominante en materia de movilidad, que está basado en tasas de motorización muy elevadas que dejan atrás cualquier ganancia en eficiencia” afirmó Samaniego.
A nivel global, las ciudades consumen dos tercios de la energía global y son responsables del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI); en América Latina, el 55% del PIB regional se genera en las ciudades y se prevé que será un 80% en el futuro, según datos del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).
El consumo energético en la región también ha sido inequitativo. En Colombia, por ejemplo, el 20% más rico de la población consume el 80% de los combustibles fósiles, y las ciudades latinoamericanas en general se enfrentan al reto de contar con una población cada vez más envejecida con una infraestructura de hasta 60 años de antigüedad, que es necesario ajustar.
Para Alfonso Blanco, secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), el consumo de energía es mayor en las ciudades por el proceso de industrialización y concentración de la población, pero todavía existen necesidades básicas no resueltas en muchos centros urbanos, como el saneamiento, que hace que aún estemos lejos. “América Latina requiere pensar en ciudades más eficientes con una adecuada planificación y ver la realidad de cada ciudad”, afirmó Blanco.
De acuerdo con Gustavo Máñez, coordinador regional de Cambio Climático de ONU Medio Ambiente, el transporte es el sector que más está creciendo en emisiones de gases de efecto invernadero y en las ciudades es el responsable de más de la mitad de los problemas de salud debido a la mala calidad del aire por contaminación.
Según el Informe Regional Movilidad Eléctrica de Euroclima y ONU Medioambiente, la flota de automóviles en la región llegará a 200 millones de unidades en 2050, lo cual podría agravar esta situación si no se avanza con la celeridad necesaria. El sector transporte es responsable actualmente de un 19% de las emisiones de CO2 en la región.
La matriz eléctrica más verde del mundo
Sin embargo, América Latina tiene la ventaja de contar con la matriz eléctrica más verde del mundo; el 61% de la generación eléctrica es renovable en la región, según datos de Olade, y países como Uruguay y Costa Rica cubren el 97% y el 98%, respectivamente, de su demanda eléctrica con energías renovables.
Esto crea una base importante para impulsar la electrificación del transporte en la región, en especial del colectivo, y así alcanzar el cambio que se requiere para cumplir con las metas climáticas y lograr una mejor calidad de vida en las ciudades.
A nivel global, el Informe 2018 de REN21 sobre el Estado Global de las Renovables, mostró que la generación de energías renovables experimentó su incremento anual más grande con un 178 GW a nivel global en 2017, si bien las emisiones de dióxido de carbono relacionadas con energía aumentaron 1.4% el pasado año, por lo que la transición no está avanzando a la velocidad requerida.
Según Samaniego, para las ciudades latinoamericanas las oportunidades están en mejorar los sistemas de transporte masivo “reorganizándolo, modificando las tecnologías de los vehículos de modo de hacerlos de una calidad que los vuelva atractivos, que fomente la cohesión social, que sean inclusivos y un motor de desarrollo”.
“Si tenemos una demanda y mejora en los sistemas de movilidad urbana, que sea paulatina, gradual y programable, tendríamos la capacidad de generar una industria que dé respuesta a esa demanda y podríamos estar acoplando un mejor patrón de consumo y de producción, que le deje a la región las ganancias de una reindustrialización que responda a los riesgos climáticos y a la inclusión social”, señaló.
Para Máñez, América Latina es el lugar ideal para promover la movilidad eléctrica por su matriz eléctrica tan limpia y este es también el momento adecuado, ya que los costos de los vehículos eléctricos, sobre todo de las baterías, están cayendo un 14% cada año, lo cual significa que en cinco años el precio de los vehículos eléctricos podría ser equiparable al precio de los vehículos convencionales.
“Pero si no se crean las condiciones en cuanto a regulación, incentivos y normativas en los mercados, la transición se retrasaría”, señaló Máñez. Además de disminuir emisiones, se evitarían muertes, enfermedades y pérdidas económicas en los sistemas de salud.
De acuerdo con el Informe Regional sobre Movilidad Eléctrica, el despliegue de este sistema de movilidad en América Latina podría significar un ahorro en combustibles de aproximadamente 85 mil millones de dólares para 2050.
El informe propone una hoja de ruta regional para acelerar la transición a la movilidad eléctrica con énfasis en el transporte público urbano como el sector que podría liderar este cambio en Latinoamérica.
Una de las experiencias dadas a conocer en la Semana del Clima de América Latina y el Caribe fue la plataforma de capacitación para la transición hacia la movilidad eléctrica en la región, denominada MOVE y gestionada por ONU Medio Ambiente.
Su fin es acercar a gobiernos, municipios, sector privado y centros tecnológicos a la actualidad, novedades técnicas, soluciones de política, financiamiento y gestión para acelerar la movilidad eléctrica en la región.
Para Alejandro Miranda, ejecutivo principal del CAF, las ciudades en América Latina presentan enormes desafíos pero al mismo tiempo enormes oportunidades para lograr un desarrollo sostenible compatible con el clima.
En el Cono Sur, la Red Argentina de Municipios frente al Cambio Climático (RACC), primera red de ese tipo en la región y cuya experiencia también fue presentada en la Semana del Clima, ha reunido a 158 ciudades alrededor de una iniciativa que brinda herramientas a los municipios con el fin de desarrollar inventarios de emisiones de GEI, así como estrategias y proyectos que actualmente alcanzan más de 170 y entre los que destacan plantas de reciclaje, viveros y uso de energías renovables en espacios públicos.
El desafío de la adaptación en ciudades
Otro aspecto importante en la transformación de las ciudades es el tema de la adaptación al cambio climático. Según Miranda, se requiere impulsar intervenciones holísticas en la planeación urbana y territorial con visión de largo plazo e integrales, que consideren tanto la mitigación como la adaptación al CC, además de acceso a información clara, oportuna y confiable para la toma de decisiones.
El CAF desarrolló el Índice de Vulnerabilidad al Cambio Climático (IVCC) para evaluar la vulnerabilidad de las poblaciones humanas a eventos y cambios relacionados con el clima extremo en los próximos treinta años.
Las ciudades concentran la vulnerabilidad al cambio climático por el hecho de presentar mayores densidades de población y estar ubicadas en zonas de riesgo. Este índice muestra que no solo en las mega ciudades se concentra la elevada vulnerabilidad urbana, sino que zonas urbanas en Haití y en las naciones más pequeñas de Mesoamérica registran las puntuaciones más altas del Índice y plantean desafíos significativos para la construcción de capacidad adaptativa.
De acuerdo con Elena Pita, Oficial de Programa de Adaptación al Cambio Climático de ONU Medio Ambiente, hay muchas soluciones de adaptación que se pueden implementar en las ciudades, que son innovadoras y también costo-efectivas, lo cual depende mucho de cada ciudad, su problemática y si se trata de una ciudad costera o de mayor altitud. Este es el caso, por ejemplo, de techos verdes, cosecha de lluvia o barreras naturales contra el avance del mar.
Una herramienta de ONU Medio Ambiente y Euroclima ofrece una guía a tomadores de decisión para un análisis del costo beneficio de medidas de adaptación al cambio climático en áreas urbanas de América Latina.
Hace más con mayor velocidad
Pese a los grandes retos que tiene América Latina con sus ciudades, John Christensen, director de UNEP DTU Partnership, afirmó que en la región está sucediendo mucho, existe un fuerte compromiso político con el proceso y es también la zona del mundo con mayor interés en implementar soluciones. La proactividad de la región, según Christensen, se nota en la calidad de las discusiones que tuvieron lugar en la Semana del Clima.
Christensen lidera también el proceso del Emissions Gap Report, una evaluación científica del progreso global hacia la reducción de emisiones requerida para cumplir con la meta del Acuerdo de París de mantener el aumento de la temperatura media global muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ºC.
Según Christensen, “necesitamos hacer más con mayor rapidez” y los sectores de energía y transporte están entre los críticos. “Las soluciones están ahí y muchas son de bajo costo”, señaló.
Pero si no se hace un esfuerzo colectivo, la brecha en emisiones que el mundo necesita cerrar para cumplir con la meta del Acuerdo de París, va a seguir creciendo al punto de que en el 2030 podría alcanzar, incluso, el tamaño de las emisiones de China, según el experto, y muchos efectos, como el derretimiento de los casquetes polares, serían irreversibles.
Para Patricia Espinosa, Secretaria de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la transformación en América Latina ya se ha iniciado con políticas públicas orientadas a atender el problema del cambio climático, a lograr una mayor eficiencia en el uso de los recursos y a favorecer la consecución de las metas de desarrollo sostenible.
“Estamos hablando de una transformación profunda de las sociedades, entonces hay obstáculos de todo tipo, pero ya tenemos ejemplos de soluciones. En la medida en que logremos definir prácticas para atender el cambio climático que tengan sentido a nivel económico, vamos a poder avanzar con mayor celeridad”, señaló Espinosa.