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¿Cómo acercamos la información climática a la gente?
Con centenares de observatorios y satélites monitoreando una enormidad de variables climáticas, el reto de científicos y comunicadores es hacerlos valer: ¿cómo acercar la información a la ciudadanía y a los tomadores de decisiones?
La solución del científico español Francisco Doblas-Reyes es hacerlo a un nivel muy local. Cuando una septuagenaria tía suya escuchó que el 2014 fue más caliente que cualquier año previo del que haya registro, Doblas-Reyes notó que ella tenía poca “memoria climática” para contextualizar.
El español resolvió tomar los registros de temperatura en el aeropuerto de Barcelona, ciudad donde vive la mujer, y preparó dos gráficos sencillos con una ubicación geográfica familiar y un lenguaje coloquial.
En un encuentro del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, en inglés) celebrado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) el pasado mes de agosto, científicos y tomadores de decisiones alentaron estos esfuerzos.
El proceso con frecuencia inicia en los centros científicos. Doblas-Reyes trabaja para el Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona, donde incorporaron cientistas sociales y comunicadores al equipo, que comparten piso con los científicos “duros” que hacen modelación climática.
“Intentamos que la gente que trabaja en el ordenador y quienes trabajan en comunicación estén todos en el mismo piso. Tienen que irse todos a tomar una cerveza para que esto funcione”, señaló.
La científica mexicana Úrsula Oswald aplicó una metodología similar al trabajar en comunidades del estado mexicano de Morelos; buscó un punto medio entre el conocimiento local y las grandes estadísticas climáticas.
En talleres con campesinos, muchos de ellos analfabetos, trazó los riesgos actuales sobre un mapa y les pidió detallar los principales cambios en el campo, como aumentos en temperatura y variaciones en las lluvias. Juntos, comprendieron que las soluciones del pasado ya no bastaban para acceder a recursos, principalmente al agua.
“La gente ve cómo el entorno está cambiando más allá de lo local. Entonces les pregunto: ¿qué podemos hacer? Necesitamos más agua’”, apuntó la científica de la UNAM, quien también explicó que esto dio pie a un sistema de depósitos de agua llovida en invierno para usarla en verano.